Crítica: Pasolini, d’Abel Ferrara

Publicada el 19 de març de 2015 a Llegir en cas d’incendi

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Pasolini, a pesar de llevar el nombre del ilustre cineasta, no es un biopic al uso.  No es posible, por ejemplo, compararla con las recientes The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014) o La teoría del todo (2014, James Marsh), en las que el esfuerzo por mostrar las virtudes de sus protagonistas (Alan Turing y Stephen Hawking) iba mano a mano con la voluntad de generar ingresos en taquilla. En ellas, la ficción naturalista del cine clásico presenta un pasado inaccesible, una realidad irrecuperable, con la voluntad de redimir los errores que se hubiesen podido cometer entonces; un retroceder y tomar consciencia de la historia para mirar el futuro con nuevos ojos, y todo bajo una visión comprensiva y atenta de las vicisitudes a las que se encuentra sometida la humanidad. Amor, comunicación, enfermedad y muerte son constantes antagonistas en ambas películas pero, en esos casos, se comparan y redimen mediante el potencial de los personajes para cambiar el curso de la historia.

Pasolini, sin embargo, no comparte esos objetivos. La nueva película de Abel Ferrara nos muestra a Pier Paolo Pasolini como un hombre de carne y hueso únicamente en el momento en que muere: solo cuando su cuerpo es demolido a golpes y exhala su último suspiro, el poeta y pensador deviene mortal. Hasta ese momento, Ferrara nos ha diseccionado el personaje a partir de todas sus facetas. Para hacerlo usa un Willem Dafoe hierático, casi escultural, como hilo conductor, que no nos hace partícipes de su pensamiento ni de sus sentimientos. Dafoe sería un mármol al que las demás escenas de la película visten y humanizan, una superficie blanca sobre la que vaciar el contenido de los distintos eventos que se yuxtaponen a ésta. La interpretación de Dafoe brilla especialmente en la escena de la última entrevista del cineasta, donde un periodista pregunta a un preocupado Pasolini qué cree que quedará de Italia si se eliminan todas las instituciones del país. Pasolini responde que quedará todo: la vida, la cultura, pero sin el tormento de la injusticia a la que se encontraban sometidos sus conciudadanos.

Pero Ferrara no desarrolla ni ofrece una respuesta concluyente al respecto, y nos hace partícipes del abismo ante el que se encontraba Pasolini: empujado por sus ideas, pero sin saber qué camino se alzaba ante él. Respetado, pero incomprendido. Esta dinámica dual acompaña todas las escenas de la película, reforzada tanto por la falta de continuidad entre estas como por la inconstancia de los personajes que las pueblan, que van y vienen sin que Ferrara nos cuente el por qué. Se hace imprescindible, por tanto, tener muy presentes las circunstancias de la muerte de Pasolini y sus últimos proyectos para poder seguir el desarrollo de la película.

Durante el transcurso del film, la sordidez y el exceso luchan con la regularidad y el clasicismo, mostrando los polos entre los que Ferrara nos sitúa a Pasolini. Frente una columnata blanca, en la que homenajea la poesía, vemos Sodoma, una orgía desenfrenada. Frente el sexo despreocupado, el amor incondicional de una madre. Frente la seriedad del nacimiento de Cristo, la comicidad de Ninetto Davoli. Davoli fue actor y amante de Pasolini en la vida real.

Éste último es el encargado de protagonizar la versión que Ferrara realiza del último proyecto de Pasolini, film que nunca se llegó a producir. En ella, Davoli interpreta a Epifanio, hombre normal y corriente que un buen día despierta para descubrir que Dios ha nacido, y que seguirá la Estrella de Belén hasta llegar a conocer el Salvador. Por el camino visitará Sodoma, en una escena excesiva y dionisíaca que muestra una orgía entre mujeres homosexuales y hombres homosexuales. A pesar de las dudas que genera semejante cuadro, Epifanio abandonará la orgía antes de que termine. Más tarde, de subida en unas escaleras que unen el cielo y la Tierra, un ángel interpretado por Riccardo Scamarcio (que  también representa en ese momento al Ninetto Davoli actor) le dirá que nunca podrá llegar a conocer a Dios, y su única respuesta a las preguntas de Epifanio es que hay que tener fe de que algo suceda y cambie el mundo. La naturaleza de ese acto redentor es una pregunta que queda, de nuevo, sin respuesta.

Pasolini es, por tanto, uno de los trabajos más libres de Ferrara a nivel narrativo, ofreciendo una poética escindida entre varios puntos de vista, que usa la yuxtaposición como principal recurso argumentativo, y mediante la cual elimina jerarquías en el film. No hay prioridad en personajes, ideas y emociones, a excepción quizás de la cultura. Pero la cultura a su vez es parte inseparable de las emociones e ideas del hombre, ser pasional y racional a la vez. Consecuentemente, todo hombre es mezcla de cultura y deseo, razón y pasión. De aquí que Pasolini sea un eslabón más dentro de la obra del cineasta neoyorquino, pero de un modo diferente.

En su obra cinematográfica, Ferrara siempre se ha mostrado crítico con los excesos de cualquier tipo de poder, desde la predisposición a la violencia del teniente corrupto de Bad Lieutenant(1992) a las tendencias abusivas del magnate empresarial de Welcome to New York (2014), y nos hacía partícipes de la falta de valores (y razones) de la que esos personajes hacían gala. EnPasolini encontramos un reconocimiento de esos excesos, pero a la vez una esperanza de que se puedan suavizar algún día, de que el deseo encuentre un vehículo para liberarse sin tener que someter a los demás. “La cultura puede vertebrar un contrapunto al abuso”, diría Pasolini (según Ferrara). Y Ferrara comparte ese punto de vista al cerrar Pasolini con la voz de Maria Callas y su interpretación de “Una voce poco fa”, aria de Il Barbero di Siviglia de Rossini, bajo los desolados gritos de la madre de Pasolini (una bella y adecuada Adriana Asti).

Pasolini es, por tanto, un homenaje a la creencia de Pasolini-hombre en la capacidad redentora de la cultura, y no un biopic al uso o un homenaje a la filmografía del genio italiano. Para llegar a la salvación, hace falta esperanza, y el Pasolini de Ferrara es capaz de mostrar esa fe, aun estando aterrorizado y a punto de morir. Pasolini era, así, poeta, cineasta, ensayista y ser humano. Y a partir de esta película, héroe, redentor de la esperanza.

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